Cuando terminó, te pidió salir al pasillo.
Cerró la puerta detrás de sí y cruzó los brazos.
—Tengo que elegir muy bien mis palabras —dijo—. Porque si estoy en lo correcto, esta va a ser una noche muy mala para usted.
La miraste sin respirar.
—Esto no se comporta como una degeneración retinal avanzada —dijo—. No de forma limpia. Hay inconsistencias en la respuesta pupilar, en la acomodación, en la fluctuación de los síntomas. Lo que usted describe —la niebla visual que empeora después de ciertas comidas, la desorientación, la fotofobia, el cansancio, la sensación de frío, las mejorías extrañas a determinadas horas— podría apuntar a una exposición farmacológica repetida.
Apenas lograste procesar la palabra repetida.
—¿Está diciendo envenenamiento?
Ella sostuvo tu mirada.
—Estoy diciendo que alguien podría haberle administrado a su hija una sustancia que afecta la visión y el sistema neurológico en pequeñas dosis durante un periodo largo.
Hizo una pausa.
—Sí. En palabras normales, estoy diciendo envenenamiento.