Me fui de viaje de negocios por un mes, y apenas llegué a casa, mi esposo me abrazó con fuerza: ‘Vamos al cuarto, te extrañé demasiado…’. Sonreí, sin imaginar que ese abrazo sería el inicio de una cadena de días imposibles de olvidar. Porque no solo él me estaba esperando en esa casa…”Ciudad de México, a inicios de mayo. La primera lluvia de la temporada caía de manera inesperada, como el ánimo de una mujer que acababa de salir del aeropuerto después de un mes de trabajo … Voir plus

Ciudad de México, a inicios de mayo. La primera lluvia de la temporada caía de manera repentina, como el ánimo de una mujer que acababa de salir del aeropuerto después de un mes de trabajo intenso en Monterrey. Mariana arrastraba su maleta, el corazón latiendo emocionado. No era solo por el éxito del proyecto —aunque eso también la llenaba de orgullo—, sino porque al fin regresaba a su hogar. Con Ricardo, el hombre que cada noche le decía que la amaba antes de dormir.

Mariana abrió la puerta con su huella digital, el corazón golpeando como la primera vez que fue a visitar a su novio. La casa de dos pisos estaba en silencio, impregnada con el olor a limpiador de pisos recién usado. Apenas puso la maleta en el suelo, escuchó pasos apresurados bajando por las escaleras.

—“¡Ya volviste, amor mío!” —exclamó Ricardo, abrazándola como si hubiera pasado un año entero sin verla. La apretó con tanta fuerza que casi le cortó la respiración, y luego sonrió ampliamente:
—“¡Vamos al cuarto! ¡Te extrañé demasiado!”

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