El Millonario Fingió un Viaje… Pero lo que Descubrió en su Propia Casa le Heló la Sangre Don Ricardo Salgado cerró la puerta principal de su enorme casa en las afueras de Monterrey con una calma que no sentía. —Cuídense mucho, mis niñas… regreso en unos días —dijo, forzando una sonrisa. Sus hijas, Valeria y Camila, lo abrazaron fuerte. Ese abrazo… había cambiado en los últimos meses. Ya no era igual. Había cariño, sí… pero también algo más. Algo que él no lograba entender.

PARTE 3
Directo al corazón.
—No, mi niña… yo no hice eso…
Pero Verónica ya había levantado la voz.
—¡Eres una ladrona! —escupió—. ¡Y además mentirosa!
Valeria dio un paso adelante.
—Mi papá confía en Rosa…
Verónica sonrió… pero no era una sonrisa bonita.
Era peligrosa.
—Tu papá no sabe muchas cosas.
En ese momento…
Algo explotó.
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