El Millonario Fingió un Viaje… Pero lo que Descubrió en su Propia Casa le Heló la Sangre Don Ricardo Salgado cerró la puerta principal de su enorme casa en las afueras de Monterrey con una calma que no sentía. —Cuídense mucho, mis niñas… regreso en unos días —dijo, forzando una sonrisa. Sus hijas, Valeria y Camila, lo abrazaron fuerte. Ese abrazo… había cambiado en los últimos meses. Ya no era igual. Había cariño, sí… pero también algo más. Algo que él no lograba entender.

No en la casa.
No en las pantallas.
Sino dentro de Don Ricardo.
La puerta se abrió de golpe.
El sonido retumbó en toda la habitación.
Todos voltearon.
Y ahí estaba él.
Don Ricardo.
De pie.
Serio.
Con los ojos oscuros.
Como si hubiera visto todo… desde hace mucho tiempo.
—¡Papá! —gritaron las niñas.