Capítulo 2. La decisión
El llanto de la bebé atravesó el ruido del Periférico como una aguja.
Ana Sofía la sostuvo más cerca de su pecho por puro instinto. La pequeña olía a talco, leche seca y cansancio. Un olor tibio. Humano. Real.
—Shhh… tranquila… —susurró sin pensar.
El hombre ya estaba inclinado dentro del cofre, moviendo herramientas con rapidez. Sus manos eran firmes, expertas. Manos de alguien acostumbrado a arreglar cosas rotas.
Pero había algo desesperado en sus movimientos.
Ana Sofía miró alrededor.
—¿De verdad no ha comido?
—Desde el mediodía —respondió él sin levantar la vista—. La guardería me la regresó hoy. Dijeron que tenía fiebre y que no podían cuidarla así.
—¿Y la mamá?
El silencio cayó pesado.
El hombre dejó de mover la llave inglesa apenas un segundo.
—Murió hace tres meses.
Ana Sofía sintió un golpe seco en el pecho.
—Lo siento…
Él se encogió de hombros, como quien ya no tiene fuerzas ni para el dolor.
—Yo también.
La bebé volvió a llorar. Más fuerte ahora. Desesperada.
Y entonces ocurrió algo extraño.
Ana Sofía recordó el pequeño café que había visto cien metros atrás, pegado a la lateral. Sin pensarlo demasiado, apretó los labios.
—Espere aquí.
—¿Qué?
—Espere.
Caminó con los tacones tambaleándose sobre el pavimento caliente, abrazando a la niña como si hubiera nacido sabiendo hacerlo. Entró al café sudando, despeinada, con el vestido rojo pegado al cuerpo.
La gente la miró.
Ella fue directo al mostrador.
—Necesito fórmula para bebé. La que tengan. Y una botella de agua.
—Aquí no vendemos…
—Entonces dígame dónde.
Cinco minutos después salió con una lata pequeña de fórmula que consiguió en una farmacia contigua, dos biberones y una bolsa de hielo.
Cuando regresó, el hombre seguía trabajando bajo el cofre.
Pero al verla… se quedó inmóvil.
Como si nadie hubiera regresado nunca por él.
Ana Sofía preparó el biberón torpemente.
—No sé hacer esto.
—Yo tampoco sabía —dijo él en voz baja—. Hasta que me quedé solo.
La bebé tomó el biberón con ansiedad. Ese sonido pequeño de succión llenó el aire entre ellos.
Y algo cambió.
Algo invisible.