PARTE 1
“Esos niños tienen tu misma cara… y tú juraste que ella nunca podría ser madre.”
Esa frase me la dije por dentro, parado en el pasillo del Hospital San Ángel Inn, mientras el olor a cloro, café quemado y lluvia mojada en los zapatos me apretaba la garganta.
Yo había ido a visitar a un socio que acababa de salir de cirugía. Entré con mi traje caro, mi celular vibrando sin parar y esa seguridad falsa que uno se construye cuando cree que ya enterró su pasado.
Pero el pasado venía caminando hacia mí.