“Abandonó a su esposa y a su bebé en el desierto por 7 días. Cuando regresó por ellas, se topó con el hombre equivocado.”El sol del norte de México caía a plomo sobre la tierra árida de Sonora, castigando los campos de agave y secando hasta la última gota de humedad en el ambiente. Mateo avanzaba a paso lento sobre su viejo caballo, Relámpago. Llevaban juntos más de 12 años recorriendo esos mismos caminos de terracería, esquivando nopales y piedras sueltas. Hacía exactamente … Voir plus

Esa tarde, mientras el viento caliente levantaba remolinos de polvo, algo a la orilla del camino llamó la atención de Relámpago. El caballo se detuvo bruscamente y soltó un relincho inquieto. Mateo entrecerró los ojos. Junto a unos postes podridos de una cerca de alambre de púas, había un bulto extraño. Al principio, pensó que se trataba de un costal de fertilizante que se le había caído a algún camión de carga, pero al acercarse, un escalofrío le recorrió la espalda a pesar de los 40 grados de temperatura.

Era una mujer. Estaba tirada en la tierra reseca, boca abajo, con la ropa rasgada y cub

El instinto de Mateo se activó. Sacó la cantimplora de su silla de montar y, con extremo cuidado, dejó caer unas gotas de agua en la boca de la pequeña, y luego en los labios de la madre. Miró a su alrededor. No había huellas frescas de llantas, ni rastro de que alguien hubiera estado allí recientemente. Por el estado de deshidratación severa y las quemaduras, Mateo supo la aterradora verdad: no llevaban ahí unas horas. Llevaban días.

Subió a ambas al caballo como pudo, sosteniendo a la mujer contra su pecho y atándose a la bebé con un pañuelo. Al llegar a la hacienda, las recostó en la habitación de huéspedes. Preparó agua con un poco de azúcar y sal, y comenzó a hidratarlas poco a poco. Horas más tarde, entrada la noche, la mujer abrió los ojos. Estaba aterrada, temblando en una esquina de la cama.

—Tranquila, están a salvo —dijo Mateo, ofreciéndole un vaso de agua—. Me llamo Mateo. ¿Quién les hizo esto?

La mujer, que dijo llamarse Lucía, rompió a llorar con una angustia que desgarraba el alma.

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