—Mi esposo, Ramiro… —susurró con la voz rota—. Se volvió loco. Nos dejó ahí para que el sol nos matara. Dijo que volvería en 7 días exactos para recoger nuestros cuerpos y enterrarnos en el desierto para que nadie nos encontrara.
El reloj en la pared de la sala marcó las 10 de la noche. Mateo sintió que la sangre se le helaba en las venas.
—¿Cuándo se cumplen esos 7 días, Lucía? —preguntó, temiendo la respuesta.
La mujer lo miró con los ojos desorbitados por el terror.
—Hoy… se cumplen hoy.
próxima