Me arrancó la copa de la mano.
Del otro lado del jardín, Patricia se quedó inmóvil. Su boca se abrió apenas. Supo, en ese segundo, que su plan se estaba derrumbando frente a sus ojos.
Fernanda levantó la copa, dio un trago largo… y luego otro.
Yo sostuve el aire en el pecho mientras ella me devolvía el vaso con media sonrisa de desprecio.
Y entonces entendí que lo que venía iba a cambiarlo todo de una forma que nadie en ese jardín iba a poder soportar.
Parte 2 ….
Fernanda apenas había dado tres pasos cuando el vaso se le resbaló de los dedos y estalló contra la piedra del patio. El ruido cortó la música. Todas las conversaciones murieron al mismo tiempo. —¿Qué te pasa? —alcanzó a decir su esposo, Isaac, acercándose a ella. Pero Fernanda ya no podía responder bien. Tenía el cuello rojo, sudor en la frente y la mirada extraña, como si el mundo se le estuviera doblando. Trató de hablar otra vez y las palabras le salieron espesas. Luego su cuerpo se tensó de golpe. Cuando cayó, Isaac apenas logró sujetarla para que no se golpeara la cabeza. Los espasmos comenzaron ahí mismo, frente a todos los invitados con quienes ella había querido lucirse durante años. Los niños dejaron de brincar. Una tía gritó. Patricia atravesó el jardín corriendo, chillando el nombre de su hija con una desesperación tan
Próxima