Canelo bajó de la mesa y caminó hacia él.
Apoyó su cabeza contra la pierna de José.
Ese gesto sencillo fue suficiente para que el pecho de José se llenara de una emoción profunda.
—No… —murmuró—. No voy a entregarlo.
El doctor lo miró con preocupación.
—Señor Ramírez, no es tan sencillo.
—Es mi familia.
—Lo entiendo, pero la ley…
José se agachó y abrazó a Canelo.