PARTE 2
ateo no perdió un segundo en discutir.
Me ayudó a sentarme en el coche con una delicadeza que contrastaba con el temblor duro que llevaba en la mandíbula.
Abrochó el capazo de Valeria y, antes de arrancar, hizo tres fotos.
Una a mi pelo arrancado en la sien.
Otra a la bolsa tirada en la banqueta.
Y una tercera a mis padres y a Daniela en la puerta del edificio.