PARTE 2
El doctor no se detuvo frente a ellos por cortesía.
Se detuvo… porque no tenía otra opción.
—¿Quién es familiar de la señora Camila Ríos?
El hombre dio un paso al frente sin dudar.
—Yo.
No explicó más.
No hacía falta.
Su voz bastó.
El doctor lo miró de arriba abajo, notando el traje impecable, la mirada dura… y algo más, algo que no esperaba ver en alguien como él.
Miedo.
—La paciente está viva —dijo al fin—. Pero su estado es delicado.
Valeria soltó un sollozo de alivio.
Luz no.
Ella esperó.
Siempre esperaba lo peor.
—¿Qué tiene? —preguntó el hombre, con la voz más baja.
El doctor respiró hondo.
—Desnutrición severa… anemia crónica… y encontramos un quiste ovárico bastante grande. Necesita cirugía inmediata.
Silencio.
—¿Probabilidades? —preguntó él.
—Setenta por ciento.
Treinta por ciento de no volver.
El número quedó flotando en el aire como una sentencia invisible.
El hombre apretó la mandíbula.
—Háganlo.
—Necesitamos una firma—
—Todo lo que necesiten —interrumpió—. Dinero, especialistas, equipo… no importa.
El doctor asintió.
Pero antes de irse, dijo algo más:
—No es solo la cirugía… si sobrevive, su cuerpo está muy debilitado. Lleva años así.
Años.
Esa palabra fue más dolorosa que cualquier otra.
—
Cuando el doctor se fue, el hombre volvió hacia las niñas.
Valeria ya se había quedado dormida, agotada, abrazada a su brazo como si temiera que desapareciera.
Luz seguía despierta.
Observándolo.
—¿La van a salvar? —preguntó.
No como una niña.
Como alguien que exige la verdad.
Él se agachó frente a ella.
—Voy a hacer todo lo que esté en mis manos.
Luz lo sostuvo la mirada.
—Eso no es lo mismo que decir que sí.
El hombre cerró los ojos un segundo.
Esa niña…
Era igual a él.
—Entonces escucha esto —dijo, firme—. No voy a dejar que le pase nada. No otra vez.
Luz no respondió.
Pero, por primera vez…
No se apartó.
Las horas pasaron lentas.
Demasiado lentas.
El hospital se fue vaciando poco a poco, pero ellos siguieron ahí.
Esperando.
Resistiendo.
Recordando.
El hombre escuchó cada historia.
Cada pequeño detalle de una vida que no conocía… pero que debió haber sido suya.
—Mamá siempre guarda dinero en una libreta —dijo Valeria cuando despertó a medias—. Quiere poner una panadería…
—“Panadería Ríos” —corrigió Luz—. Ya tiene el nombre.
El hombre tragó saliva.
—¿Y qué más quiere?
Valeria sonrió débilmente.
—Dice que quiere un lugar donde la gente se sienta feliz… aunque sea por un rato.
El silencio se volvió pesado.
Porque él…
Nunca había construido nada así.
—
De pronto, su teléfono vibró.
Un mensaje.
“Jefe, alguien está preguntando por usted en el hospital. No es de los nuestros.”
El nombre que apareció después… heló la sangre en sus venas.
Ramiro Vega.
Su tío.
El mismo hombre que había intentado arrebatarle todo años atrás.
El mismo…
Que había desaparecido justo cuando Camila lo hizo.
El rompecabezas encajó de golpe.
Y la verdad…
Fue peor de lo que imaginaba.
—
El hombre se puso de pie.
Su mirada cambió.
Se volvió fría.
Peligrosa.
Luz lo notó.
—¿Qué pasa?
Él dudó.