Su Esposo La Abandonó Por Ser Una Simple Vendedora… Sin Saber Que Ella Acababa De Heredar Cien Millones

Valeria intentó acercarse a un socio importante, pero Alejandro intervino.

—Por órdenes de la presidenta Mendoza, Grupo Altavista no invertirá en empresas vinculadas a engaños, deudas ocultas o violencia familiar.

Diego sintió que el piso se abría.

—Sofía, espera. Podemos hablar.

Ella lo miró con una calma que le dolió más que cualquier grito.

—Hablaste cuando creías que yo no valía nada. Ahora solo estás escuchando el precio de tu desprecio.

Pero la prueba más dura llegó días después, cuando Sofía fue con Camila a elegir una casa en un fraccionamiento de lujo en Santa Fe. Quería que su hija viviera cerca de una buena escuela. La niña iba feliz, con una libreta donde había dibujado su “cuarto soñado” lleno de osos de peluche.

En la entrada, un guardia les cerró el paso.

—Este lugar no es para visitas curiosas.

—Tengo cita con la directora de ventas —respondió Sofía.

El guardia miró su ropa sencilla.

—Seguro se equivocó.

Dentro de la sala de ventas, una agente llamada Patricia las miró con desprecio.

—Señora, estos inmuebles cuestan más de cincuenta millones. No hacemos recorridos para gente que solo quiere tomarse fotos.

Camila apretó la mano de su madre.

—Mi mamá puede comprar una casa.

Patricia se inclinó hacia ella con falsa dulzura.

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