s Cuando me casé, me mordí la lengua: jamás le dije a mi esposo —ni a su madre— que el departamento al que nos mudamos era mío, y menos mal que callé… porque después de la boda vi el lado que ellos escondían.

—Ay, no seas desconfiada.

—No soy desconfiada —respondí—. Soy adulta.

Adrián intentó tocar mi mano.

—Amor, es normal. Mi madre solo quiere ayudar.

Yo retiré la mano.

—Tu madre no firma por mí.

Hubo un segundo de silencio cargado. Montserrat cambió de estrategia: lágrimas pequeñas, voz dulce.

—Es que yo he visto tantos matrimonios romperse por dinero…

Yo asentí lentamente.

—Entonces no rompan el mío intentando robar mi casa.

Ella acaba de decir la palabra ‘robar’… ¿qué va a pasar ahora? ¿Cómo reaccionará Adrián cuando la verdad quede al descubierto? ¿Y realmente su plan ya terminó?

La palabra robar cayó como un plato roto.

Adrián se quedó blanco.