PARTE 2
Silencio.
Eso fue lo primero que sentí cuando abrí la caja.
No un silencio afuera… sino adentro de mí.
Como si todo lo que creía cierto se hubiera detenido de golpe.
Había una carta.
Papeles doblados con cuidado.
Y una libreta pequeña.
Tomé la carta primero. Reconocí su letra de inmediato. Esa forma suya, firme, ordenada… como él.
Mis manos temblaban tanto que tuve que respirar hondo antes de empezar a leer.
“Si estás leyendo esto, es porque no estoy…”
No pude seguir de inmediato.
Sentí que el pecho se me rompía otra vez.
Pero seguí.
Él sabía.
Sabía que algo podía pasarle.
Sabía cómo era su familia.
Sabía… que podían dejarme sola.
Y por eso… había preparado todo.
Todo.
Debajo de la carta estaban los documentos.
No entendí al principio.
Pero cuando empecé a leerlos… sentí que el mundo se acomodaba de una forma completamente distinta.
Eran escrituras.
A su nombre… y luego al mío.
Tierra.
Tierra propia.
No una pequeña parcela… sino suficiente para vivir, para trabajar, para empezar de nuevo.
La había comprado en silencio durante años.
Sin decirle a nadie.
Ni siquiera a mí.
Había pensado en todo.
Hasta en el banco.
Había dinero guardado.