En un ático de lujo sobre la ciudad de New York City, el silencio era más frío que el vidrio de las ventanas.
Elena Morales caminó lentamente por la sala con una copa de champagne en la mano, elegante y tranquila, mientras detrás de ella el caos explotaba.
—¡Fuera de esta casa! —gritó la madre de su esposo, señalándola con furia.
En el sofá, Daniel Reyes evitaba levantar la mirada. A su lado estaba su amante embarazada, Camila Duarte, acariciando su vientre con nerviosismo mientras los demás familiares observaban la escena.
Pero Elena sonrió.
Una sonrisa pequeña. Peligrosa.
Dejó su bolso sobre la mesa de mármol y sacó una carpeta azul.
—Qué curioso que quieran echarme… —dijo con calma— …de una casa que legalmente me pertenece.
El aire cambió.
Daniel levantó la cabeza lentamente.
—¿Qué… qué dices?
Elena abrió la carpeta y deslizó varios documentos sobre la mesa.
—Los papeles están a mi nombre. La hipoteca. La escritura. Todo.
La madre de Daniel quedó inmóvil.
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