PARTE 2
El regreso que nadie esperaba
El viento dejó de soplar por un segundo.
Doña Carmen apenas podía respirar, pero sus ojos, nublados por el dolor, lograron enfocar un poco más.
El perro estaba ahí… frente a ella.
Su pecho subía y bajaba con fuerza. Sus ojos brillaban con una mezcla de urgencia… y algo más profundo.
Algo conocido.
—“No puede ser…” —susurró Doña Carmen, con la voz rota.
El perro dio un paso más cerca.
Y entonces ella lo vio.
Esa mancha blanca en el pecho… esa cicatriz en la oreja izquierda…
Su corazón se detuvo por un instante.
—“¿…Solovino?”
El perro soltó un gemido bajo… y movió la cola.
Era él.
Después de siete años… era él.
Pero no era el mismo.
Ya no era aquel animal débil y tembloroso que ella había recogido bajo la lluvia. Ahora era fuerte, imponente… como si la vida lo hubiera llevado por caminos que Doña Carmen jamás imaginó.
El perro ladró de nuevo, con más fuerza, girando la cabeza hacia la calle vacía.
Y entonces… aparecieron.
Dos hombres.
Uno alto, con botas polvorientas y sombrero oscuro. El otro, más joven, con una radio colgando del hombro. Sus miradas se cruzaron con la escena en el suelo… y corrieron de inmediato.
—“¡Señora! ¡¿Está bien?!” —gritó el joven, arrodillándose junto a ella.
El hombre mayor no dijo nada. Solo miraba al perro… fijamente.
—“Con que aquí estabas…” —murmuró, casi en secreto.
Doña Carmen apenas entendía. Su cabeza daba vueltas.
—“Es… mío…” —logró decir, señalando débilmente al perro— “es mi Solovino…”
El joven la miró sorprendido. Luego miró al hombre mayor.
Hubo un silencio extraño.
Pesado.
Como si algo importante estuviera a punto de revelarse.
El hombre de sombrero suspiró… y finalmente habló:
—“Señora… este perro… no es cualquier perro.”
Doña Carmen sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo.
—“Hace años lo encontramos herido en la sierra… alguien lo había abandonado. Lo llevamos con nosotros… lo entrenamos.”
El joven agregó, con orgullo:
—“Ahora es parte de un grupo de rescate. Ha salvado vidas… muchas vidas.”
Doña Carmen no podía creerlo.
Su Solovino…
El mismo que ella había salvado una noche de lluvia…
…ahora salvaba a otros.
Pero entonces…
—“Y hoy…” —continuó el hombre mayor, mirando al perro con respeto— “hoy nos guió hasta aquí sin que entendiéramos por qué.”
Doña Carmen abrió los ojos con dificultad.
—“¿Cómo que… los guió?”