El mundo entero se detuvo. La tía Rosa era su única familia materna. Alejandro miró a Carmen, cuyos ojos reflejaban pura preocupación genuina, y tomó 1 decisión que no tenía marcha atrás.
Lentamente, ante la mirada atónita de la empleada, Alejandro se levantó de la silla de ruedas y se mantuvo firme sobre sus 2 piernas.
“Señor… ¿qué hace?”, susurró ella, retrocediendo con los ojos muy abiertos.
“No hay ninguna lesión, Carmen”, confesó él, sintiendo todo el peso de su cruel engaño. “Todo fue 1 mentira para probar si Valeria me amaba”.
El impacto en el rostro de Carmen se transformó lentamente en 1 decepción devastadora que le perforó el pecho a Alejandro. “¿Todo fue 1 farsa?”, preguntó con la voz rota. “Las noches sin dormir, la preocupación constante… ¿fui parte de su enfermizo experimento?”
“Lo siento muchísimo”, suplicó Alejandro, intentando acercarse, pero Carmen recuperó su máscara profesional de inmediato, levantando 1 muro invisible entre los 2.
“Avisaré a la cocina que no cenará aquí”, dijo fríamente, y salió de la habitación con su dignidad completamente intacta.
Alejandro corrió al hospital. Después de 6 horas de absoluta agonía, su tía fue estabilizada. Regresó a la mansión al borde de la medianoche, exhausto y con el alma pesada. Al entrar por la cocina, se detuvo en seco.
Carmen seguía allí. Llevaba su uniforme puesto, a pesar de que su turno había terminado 6 horas antes, y estaba preparando 1 sándwich y té caliente.
“Imaginé que regresaría con hambre del hospital”, dijo ella sin siquiera mirarlo. “¿Cómo está su tía?”
“Estable”, respondió él, profundamente abrumado por aquel inmerecido gesto de bondad. “Carmen, sobre lo de hoy… te debo 1 explicación y 1 gran disculpa”.
“Usted no me debe nada, señor. Solo respeto”, respondió ella con 1 firmeza que lo dejó sin palabras.
En ese preciso instante, la puerta de la cocina se abrió de 1 violento portazo. Era Valeria, vestida con 1 atrevido atuendo de seda negra, apestando a alcohol y a 1 perfume de hombre carísimo.
“¡Alejandro! No sabía que habías vuelto. ¿Cómo está Rosa?”, preguntó con falsa preocupación, arrastrando las palabras.
Alejandro notó que el labial de Valeria estaba corrido. “¿Dónde estabas?”, preguntó fríamente, cruzándose de brazos.
“En el spa, y luego fui a mi departamento”, mintió ella sin inmutarse un solo segundo.
“Qué raro, porque llamé a tu asistente y me dijo que fuiste a cenar con Adriano Mota”, replicó Alejandro. Adriano era el mayor rival de su empresa, el hombre que intentó arruinarlos 1 año atrás.
El rostro de Valeria se desfiguró por la rabia al verse acorralada. “¿Y qué? No tengo que darte explicaciones”. Miró a Carmen con asco profundo. “¿Qué hace esta sirvienta escuchando nuestras conversaciones?”
“No te atrevas a hablarle así”, rugió Alejandro, interponiéndose entre ambas como 1 escudo. “Carmen tiene más dignidad en 1 solo dedo que tú en toda tu vida. Terminamos, Valeria. Y no intentes chantajearme con la prensa, porque mis abogados ya tienen 1 expediente listo sobre tus fraudes financieros en la constructora”.
Valeria soltó 1 carcajada amarga y venenosa. “¿Me dejas por 1 gata? Disfruta tus 5 minutos de fama, querida. Los millonarios como él siempre regresan arrastrándose a mujeres de mi nivel”. Y con esa última amenaza, salió de la casa para siempre.
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