Daniel creció sano, curioso.
Sara dejó de tener esa mirada permanentemente alerta.
No perdió su fuerza.
Pero ahora la usaba para proteger sueños, no solo sobrevivir.
Un domingo por la tarde, mientras los tres estaban en el jardín, Daniel dio sus primeros pasos hacia Marcelo.
Tropezó, cayó, volvió a levantarse.
Marcelo lo sostuvo cuando finalmente llegó.
Sintió algo que nunca había experimentado en ninguna sala de juntas.
Plenitud.
No perfecta.
No libre de miedos.
Pero real.
Sara observaba desde la hamaca.
—Papá —dijo de pronto.
Marcelo se quedó quieto.
No sabía si había escuchado bien.Có thể là hình ảnh về trẻ em
—Papá, mira cómo camina.
La palabra quedó suspendida en el aire.
Papá.
Diez años construyendo un imperio no habían producido ese sonido.
Una tarde en una calle secundaria sí.
Marcelo miró el cielo, respiró hondo.Có thể là hình ảnh về trẻ em
El destino no siempre llega envuelto en éxito.
Próxima