EL DÍA DEL DIVORCIO, ÉL SE CASÓ CON LA AMANTE…Y LA ESPOSA EMBARAZADA SE FUE SONRIENDO CON UN SECRETO… El día del divorcio.

Podríamos estar hablando de entre dos y 6 años de prisión según la cuantía, y tendría que devolver todo el dinero con intereses y multas. Cristina se levantó lentamente y se acercó al ventanal.

Abajo en la calle Valmes, la vida continuaba su curso normal. Gente que compraba en la farmacia, estudiantes que entraban y salían del metro, parejas que caminaban tomadas de la mano, vidas normales, sin el drama que había consumido la suya durante tantos meses.

Elena, sí, tú, ¿qué harías? Si fueras yo, ¿qué harías? Elena se quitó las gafas y las limpió cuidadosamente antes de responder. Como gestora, te diría que protejas tus intereses y los de tu hijo.

Como mujer, hizo una pausa significativa. Como mujer que ha visto demasiados casos como este, te diría que a veces la mejor venganza no es la que destruye al otro, sino la que te construye a ti.

Cristina asintió lentamente, acariciando su vientre. Necesito pensar. Necesito hablar con alguien. Por supuesto, pero Cristina, ¿necesitas saber algo más? Elena se puso las gafas de nuevo. Esta mañana después de la vista, Ru Díaz llamó preguntando si podía acceder a las cuentas empresariales para ayudar con la gestión administrativa.

En serio, a Cristina se le escapó una risa amarga. Ni siquiera han pasado 3 horas desde que descubrió que Damián no tiene nada y ya está intentando conseguir acceso a mi dinero.

Le dije que solo la propietaria de la empresa podía autorizar esos accesos, pero insistió mucho. Incluso mencionó que podría convencer a Damián para que hiciera algunos cambios en la estructura empresarial.

Cristina se giró hacia Elena con una expresión que la gestora no le había visto nunca. Ya no era la fisioterapeuta dulce y confiada que había conocido años atrás. Era una mujer que había aprendido tal vez demasiado tarde, que en este mundo había que saber defenderse.

Elena, quiero que hagas algo por mí, lo que necesites. Quiero que prepares un informe completo de todas estas irregularidades, fechas, cantidades, conceptos, todo documentado legalmente. Hizo una pausa mirando de nuevo hacia la calle.

Y quiero que cambies todas las claves de acceso a las cuentas. A partir de mañana, cualquier movimiento empresarial superior a 500 € necesitará mi autorización personal. Cristina, ¿estás segura? Eso significa que Damián no podrá.

Damián podrá seguir gestionando las operaciones diarias, pero se han acabado los regalitos para su esposa. Su voz sonó firme, decidida. Y Elena, quiero que Rut sepa exactamente por qué no va a tener acceso a nada.

Elena sonrió por primera vez en toda la tarde. ¿Cuándo quieres que esté listo el informe? Cristina consultó su reloj las 1515. En unas horas, Damián y Ruth estarían en su apartamento de recién casados, probablemente planificando cómo aprovechar los recursos empresariales para su luna de miel esta misma tarde.

Y Elena, asegúrate de que reciban una copia certificada antes de las 8 de la noche. Mientras Cristina se dirigía hacia la puerta, Elena la detuvo con una última pregunta. ¿Y si Damián intenta contactar contigo?

Si quiere negociar. Cristina se detuvo en el umbral. una mano en el pomo y otra en su vientre. Dile que estaré encantada de hablar con él después de que devuelva hasta el último céntimo que robó a mi hijo.

La puerta se cerró con un clic suave, pero definitivo, como el sonido de una nueva vida comenzando. Apartamento de Damián y Rut Pedralves. 19:45 de la tarde. El apartamento de dos habitaciones en Pedralves olía a champán barato y a sueños rotos.

Ruth había intentado crear un ambiente romántico con velas color marfil y pétalos de rosa esparcidos por el suelo, pero la realidad de su nueva situación económica había convertido la celebración en una farsa agridulce.

Las copas eran de cristal corriente, no de bacarat como había soñado. Y el champán era un caba del Mercadona, no el don periñón que había imaginado para su noche de bodas.

Damián permanecía sentado en el sofá color gris antrasita, todavía con la camisa arrugada de la mañana, contemplando su móvil con expresión sombría. Las facturas se acumulaban en la mesa de café, alquiler, luz, agua, internet, gastos que antes parecían insignificantes cuando creía que tenía una empresa próspera, pero que ahora se alzaban como montañas amenazantes.

ver continúa en la página siguiente