Él decidió someterse a una vasectomía en secreto después de que ellos perdieran tres embarazos. Años después, su esposa dio a luz, y una prueba de ADN expuso la verdad más oscura escondida en su matrimonio.
“Y tú también me mentiste.”
Ella parpadeó.
“¿De qué hablas?”
“Le hice una prueba de ADN al niño.”
Mariana se quedó helada.
“El resultado dice cero por ciento. Cero, Mariana. Así que dime la verdad. ¿Con quién estuviste?”
Mariana lo miró como si acabara de golpearla.
“No.”
“¡No me digas que no!”
“Nunca te engañé”, dijo ella, con la voz quebrada. “Te lo juro por mi hijo.”
“¡Nuestro hijo no es!”
El grito rebotó en las paredes. En la recámara, el bebé empezó a llorar.
Mariana no se movió. Las lágrimas le corrían por la cara, pero no eran lágrimas de culpa. Eran de furia, de dolor, de incredulidad.
Entonces dijo algo que le heló la espalda a Diego:
“¿Te acuerdas de la clínica de fertilidad en Coyoacán? La última vez que fuimos, antes de que tú decidieras jugar a ser Dios con mi cuerpo…”
Diego dejó de respirar.
Mariana se limpió la cara.
“Yo volví.”
Él sintió que el celular se le resbalaba de la mano.
“¿Qué?”
“Y lo que me dijeron ahí… cambia todo.”
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