El doctor respiró hondo, mirando al animal con una mezcla de asombro y nerviosismo.
Luego dijo lentamente:
—Señor… lo que usted ha estado criando durante cinco años…
no es un perro doméstico.
Es algo mucho más raro de lo que imagina…
Y en ese momento, todo el vecindario estaba a punto de descubrir un secreto que cambiaría la vida de José para siempre.
El silencio dentro de la clínica veterinaria se volvió pesado.
Nadie hablaba.
Las personas en la sala de espera miraban al pequeño animal que estaba sobre la mesa metálica. Canelo levantó la cabeza lentamente y miró a José con esos mismos ojos brillantes que había visto aquella noche de lluvia cinco años atrás.
José sentía el corazón golpeándole en el pecho.
—Doctor… —dijo con voz temblorosa—. ¿Qué quiere decir con que no es un perro?
El doctor Alejandro Morales respiró hondo. Sus manos aún temblaban un poco mientras volvía a observar al animal.
—Señor Ramírez… —dijo finalmente—. He sido veterinario durante más de veinte años. He visto miles de perros… de todas las razas. Pero este animal… su estructura ósea, sus dientes, la forma de sus patas… no coincide con ninguna raza de perro doméstico.
José frunció el ceño.
—¿Entonces qué es?
El doctor dudó un momento.
—Necesito hacer una radiografía.
José asintió sin entender.
Mientras preparaban el equipo, Canelo no dejaba de mirar a José. No parecía asustada. Solo lo observaba, como si estuviera esperando que todo terminara.
Cuando la radiografía apareció en la pantalla, el doctor se quedó completamente inmóvil.
—Dios mío… —murmuró.