“Tu hija no está enferma… fue tu prometida quien le rapó la cabeza”, dijo el niño de la calle Don Ernesto Salgado empujaba la silla de ruedas de su hija por los senderos del Bosque de Chapultepec. El crujir de las hojas secas bajo las ruedas parecía más fuerte de lo normal… o tal vez era el silencio entre ellos lo que hacía que todo doliera más.