Al día siguiente, mi nuera devolvió todo el dinero y prometió que nunca más lo haría.
La perdoné…
pero la herida permaneció.
Esas imágenes del banco… nunca las olvidaré.
Una cicatriz en mi corazón.
Una cicatriz hecha por la traición.
Aprendí algo:
Cualquiera puede cambiar por dinero.
No me aferro al odio.
Pero tampoco lo olvido.
Porque lo que importa no es lo que manda Jun… sino el amor verdadero y la unidad de una familia.
Y cuando entra la avaricia…
Todo se desmorona.