Su esposo durmió en el piso por 2 años para atraer riqueza, hasta que una madrugada ella vio a la enorme serpiente en su lugar

2 horas después, Leticia estaba sentada en el sofá de Carmen, envuelta en cobijas, sosteniendo 1 taza de café de olla frío. Le confesó todo. El maldito tapete rojo. Los gritos. El dinero sucio. Los 2 años durmiendo en el suelo. Y la enorme bestia.

Carmen la escuchó sin interrumpir 1 sola vez. Al terminar, suspiró profundamente. “Tú no vas a regresar a esa pinche casa sola, Lety”. “¿Y si me volví loca y lo imaginé?”, murmuró Leticia. Carmen le apretó la mano: “No estás loca. Tú no te imaginaste nada”.

Esa misma tarde, regresaron a Santa Fe. Pero no iban solas. Carmen llevó a su esposo Paco y al comandante Beto, 1 viejo amigo de la familia que era policía de investigación.

Cuando llegaron a la mansión, el portón eléctrico estaba abierto de par en par. La inmensa casa que alguna vez fue el sueño de Leticia, ahora se sentía como una tumba de hielo. Vacía. Maldita.

Subieron con cautela. En la recámara principal, el tapete rojo seguía en el suelo. Pero ya no había ninguna serpiente. Ni rastro de Mateo. Solo 1 marca oscura, como si algo pesado hubiera sido arrastrado por el piso hacia la puerta del vestidor.

Paco abrió la puerta del clóset empuñando 1 tubo. Adentro, oculta detrás de cajas de zapatos, había 1 pequeña puerta de madera que Leticia jamás había visto. El comandante Beto forzó la chapa oxidada.

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