—Entonces habré hecho lo correcto de todos modos —concluyó ella.
Pero lo que ninguno de los dos sabía era que alguien los estaba espiando desde la puerta entreabierta. Alguien que tenía mucho que perder si Alejandro se volvía importante en la vida de Isabella.
PARTE 2
Fernando Costa, el hermano menor de Isabella, había construido toda su existencia sobre una sola esperanza: heredar el imperio familiar. Durante años había esperado pacientemente que su hermana falleciera sin descendencia, sabiendo que él sería el único heredero.
Cuando vio a Isabella salir del restaurante con Alejandro y el bebé, sintió como si le hubieran arrancado el suelo bajo los pies.
—Mierda —siseó desde su mesa, apretando la copa de champán hasta casi romperla—. ¿Qué está haciendo esa estúpida?
Al día siguiente, Fernando irrumpió en la oficina de Isabella como una tormenta de furia contenida.
—Te has vuelto completamente loca. Has contratado a un vagabundo mugriento.
—He contratado a un ingeniero cualificado —respondió Isabella, sin siquiera levantar la vista de los documentos.
Fernando se inclinó sobre el escritorio con actitud amenazante.
—Isabella, hablemos claro de una vez. Tú y yo sabemos que no puedes tener hijos. Cuando faltes, todo este imperio pasará a mí.
—Tal vez las cosas cambien —respondió ella con frialdad.
Fernando golpeó el escritorio con ambos puños.
—¿Qué significa eso?
—Significa que estoy pensando en adoptar a Leo.
El mundo de Fernando se desplomó como un edificio demolido.
próxima