No confié en mi esposa y decidí enviar todo mi salario a mi madre… pero el día que volví a casa a buscar mis ahorros, una sola frase me dejó sin fuerzas Siempre pensé que yo era un hombre prudente. Al menos en lo que se refiere al dinero.

Y sin darme cuenta, después de más de una década trabajando en Monterrey… mis ahorros ya se acercaban a cinco millones de pesos.

Cinco millones.

Era suficiente para comprar una casa.

O empezar un negocio.

O simplemente comenzar una vida nueva si algún día algo salía mal.

Lucía nunca supo exactamente cuánto dinero tenía.

Solo sabía que yo era cuidadoso con las finanzas.

Pero con el tiempo empezó a sentir algo que yo no quise ver.

Distancia.

Desconfianza.

Una noche, después de una discusión por algo pequeño, ella me dijo algo que todavía recuerdo.

—Carlos… siento que no confías en mí.

Intenté reírme.

—Claro que confío.

—Entonces ¿por qué nunca hablas de dinero conmigo?

No supe qué responder.