MI PROPIO PADRASTRO ME OBLIGÓ A CASARME CON UN MENDIGO PARA HUMILLARME Y ARREBATARME TODA LA HERENCIA… PERO JUSTO EN EL ALTAR, EL SECRETO IMPACTANTE DEL HOMBRE VESTIDO CON HARAPOS DEJÓ A TODA LA IGLESIA EN SILENCIO Soy Clara Castillo, tengo veinticinco años, la única heredera de Castillo Holdings, un imperio valorado en miles de millones de pesos que se extiende desde la Ciudad de México hasta Monterrey. Cuando mi padre murió en un trágico accidente automovilístico en la auto… En voir plus Commentaires

Elias pasó una mano por su cabello… y lo apartó hacia atrás.
Lo que apareció no fue un rostro descuidado.
Fue un rostro firme, definido, con una mirada que imponía respeto.
Alguien dejó caer su copa.
El sonido resonó como un disparo.
—Esto… es imposible… —murmuró una mujer.
Yo no podía moverme.
Mi corazón latía tan fuerte que sentía que iba a romperme el pecho.
—Mi nombre no es Elias —continuó él—. Ese fue el nombre que me dieron para esta farsa.
Hizo una pausa.
Y entonces, miró directamente a Don Esteban.
—Mi nombre es Alejandro Castillo.
El apellido cayó como una bomba.
Varias personas se pusieron de pie.
—¿Castillo? ¿Pero… cómo…? —susurraban entre ellos.
Don Esteban se levantó bruscamente.
—¡Mentira! —gritó—. ¡Eso es una mentira ridícula!
Pero su voz ya no sonaba segura.
Alejandro —porque ya no había duda de quién era— sacó algo de su bolsillo.
Un sobre.
Lo levantó lentamente.
—Aquí tengo documentos certificados —dijo con calma—. Prueban mi identidad… y también prueban algo más interesante.
El aire parecía haberse vuelto más pesado.
—Prueban que soy el hijo mayor de Don Ricardo Castillo… el hijo que desapareció hace veinticinco años.
Un grito ahogado recorrió la iglesia.
Mi mente explotó.
Don Ricardo Castillo…
Mi padre.
Mis manos comenzaron a temblar.
—Eso… eso es imposible —balbuceé sin darme cuenta—. Mi padre nunca…
Alejandro me miró.
Y por primera vez, su expresión se suavizó.
—Tu padre sí tuvo otro hijo, Clara —dijo con una voz más baja—. Pero me separaron de él cuando era un niño. Fui criado lejos… oculto… porque había intereses que no querían que yo existiera.