Me dejaron dormida para irse de vacaciones con mi tarjeta, pero cuando me llamaron gritando “no nos dejan abordar”, ya era tarde: cancelé todo, les cerré el paso y dest… En voir plus
Pastillas.
Volví a leer esa parte dos veces.
No porque estuviera sorprendida. Porque algo, al fin, encajó.
La noche anterior, mi mamá insistió demasiado en que me tomara el té “para relajarme”. Paola fue quien me alcanzó el vaso con agua para mis vitaminas. Yo no recordaba haberme quedado dormida en el sillón. Recordaba un cansancio raro, como si me hubieran apagado desde adentro.
Y entonces apareció el mensaje que me revolvió el estómago:
“Ya estuvo, ma. Con media clona se duerme y ni cuenta se da.”
Me quedé helada.
No sólo me habían robado.
Me habían dopado.
La rabia dejó de ser una herida y se convirtió en precisión.
Llamé otra vez al banco y pedí el registro completo de movimientos de la madrugada. Luego hablé con la administración del fraccionamiento para solicitar las cámaras de la entrada. Después marqué a mi prima Jimena, la única de la familia que siempre se mantenía al margen.
—Necesito preguntarte algo —le dije—. ¿Tú sabías del viaje?
Se quedó callada.
Ese silencio duró demasiado.
—Lucía… yo pensé que tú habías decidido no ir —murmuró al fin—. Tu mamá le dijo a todos que te enojaste porque querías llevar a un hombre casado y que por eso mejor te quedabas.
Sentí un golpe seco en el pecho.
—¿Qué?
—También dijo… que estabas tomando mucho y que eras inestable. Que por eso mejor no te invitaban a las fotos ni a las reuniones con la familia de su comadre en Los Cabos.
Ahí estaba el secreto.
No sólo me habían usado para pagar. Ya llevaban días destruyéndome por detrás, inventando una historia para justificar mi ausencia y quedar ellos como víctimas de mi “carácter difícil”.
Yo era la cajera. La organizadora. La criada.
Y cuando ya no les servía para la foto, me convertían en la loca.
Mientras escuchaba a Jimena llorar del otro lado, mi celular vibró con un nuevo mensaje. Esta vez no era de mi mamá.
Era de Óscar, el esposo de Paola.
Sólo decía:
“No publiques nada. Hay cosas que no sabes de tu papá.”