La hija que se casó lejos envió de repente a su padre un par de zapatos de cuero talla 41, aunque él usa talla 44. El padre, que amaba demasiado a su hija como para mol… En voir plus
Las lágrimas comenzaron a correr por mis mejillas sin que pudiera detenerlas.
Me limpié la cara con la manga.
—Pero yo no necesito tanto…
Sofía me interrumpió.
—Sí lo necesitas.
Luego añadió en voz baja:
—Porque yo también necesito saber que estás bien.
Hubo un silencio largo.
Después escuché otra voz en el fondo.
Era Diego.
—¿Está hablando con tu papá?
Sofía se rió suavemente.
—Sí.
Un momento después escuché a Diego hablar cerca del teléfono.
—¡Don Ernesto! —dijo con alegría—.
—No se preocupe por el dinero. Sofía y yo trabajamos duro y nos va muy bien.
—Usted se merece descansar.