Gavin salió primero con una sonrisa segura, seguido por su madre Deborah, su padre Franklin y su hermana Lindsay, todos mirando a su alrededor como si llegaran a un lugar que ya les pertenecía.
Introdujo el código de seguridad de la puerta, pero el sistema lo rechazó de inmediato, y la confusión se reflejó en sus rostros.
Abrí la puerta ligeramente, lo suficiente para que vieran dentro, donde no quedaba nada excepto el vacío y un sobre pegado a la pared con su nombre escrito claramente. Todos se quedaron paralizados al comprender la gravedad de la situación.
—¿Qué significa esto? —preguntó, con la voz temblorosa.
—Esta es tu primera lección de realidad —respondí con calma, sin alzar la voz.
Deborah intentó dar un paso al frente, hablando como si aún pudiera controlar la situación, pero la detuve con una firme advertencia: nadie debía entrar más.
Gavin abrió el sobre y comenzó a leer los documentos, que incluían la escritura que demostraba que yo era la única propietaria, la revocación de su acceso y…