Adrián.
Liana.
Ejecutivos.
Directores.
No tenían ni idea de lo que se avecinaba.
Comencé con calma.
Entonces pulsé el mando a distancia.
Aparecieron fotos en la pantalla.
Ellos juntos, tomados de la mano, sonriendo, viviendo una vida a mis espaldas.
La sala se llenó de jadeos.
Luego vinieron los registros financieros.
Las cuentas secretas.
Los fondos robados de la empresa.
Ya nadie podía defenderlo.
Finalmente, revelé la última pieza.
—Una prueba de ADN —dije.
La niña que Liana llevaba en su vientre…
No era de Adrian.
Silencio.
Choque.
Caos.
También habían sido engañados.
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