En mi fiesta de compromiso, mis padres se burlaron abiertamente de mi “prometido imaginario”. Entonces él entró, y toda la sala cambió.
Ella lloró más fuerte.
Camila levantó la cara, molesta.
“Ay, Valeria, tampoco exageres. Siempre quieres quedar como víctima. La vida no gira alrededor de ti.”
Y entonces mi tía Lupita dijo algo que cambió todo:
“¿También vas a decir eso de la carta de Guadalajara?”
Mi mamá se levantó tan rápido que tiró la servilleta.
“Lupita, cállate.”
Yo sentí un frío en la espalda.
“¿Qué carta?”
Nadie contestó.
Mi tía me miró con vergüenza.
“La de la beca. La que llegó cuando tenías diecisiete.”
Mi corazón empezó a golpearme las costillas.
Mi papá dijo mi nombre con tono de amenaza.
“Valeria, siéntate.”
Pero yo ya estaba de pie.
Y por primera vez en mi vida, todos parecían tener miedo de que yo hiciera una pregunta.
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