El jefe de la mafia estaba de rodillas, llorando por su hija desaparecida, entonces un niño sin hogar susurró: “Está en el basurero.”… En voir plus
René cayó de rodillas.
“Somos hermanos, Santiago.”
Santiago cubrió los oídos de Lucía.
“Los hermanos no entregan niñas.”
No hubo gritos. Solo un disparo seco en medio de la lluvia.
Santiago subió a la camioneta con Lucía y metió también a Emiliano.
“Al hospital Ángeles. Ahora.”
En urgencias, los doctores confirmaron que Lucía viviría. Hipotermia, golpes, miedo… pero viva.
Emiliano se quedó junto a la puerta, sucio y temblando.
Santiago se arrodilló frente a él.
“Hoy salvaste a mi hija. Desde hoy, tú no vuelves a dormir en la calle.”
El niño rompió en llanto.
Pero antes de que Santiago pudiera abrazarlo, una enfermera entró empujando un carrito de medicamentos. Emiliano notó sus botas negras, demasiado pesadas para un hospital.
Y también vio el arma escondida bajo la bata.
La mujer no venía a curar a Lucía.
Venía a terminar el trabajo.
Y esa vez, Emiliano no pensaba quedarse callado…
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