Después de que Mauricio me echó de la casa por “ser una carga”, pagué un hotel con la vieja tarjeta negra que me dejó mi padre… y en menos de diez minutos llegó un func… En voir plus
“¿Dónde estás?”
“Contéstame ya.”
“¿Qué fue lo que hiciste con la tarjeta de tu papá?”
“Me hablaron del banco.”
“Elena, no se te ocurra mover nada sin hablar conmigo.”
Sentí el estómago caerme a los pies.
Levanté la vista, pálida.
—Él ya sabe algo.
Daniel frunció el ceño.
—¿Qué dice exactamente?
No alcancé a responder.
Mi celular volvió a vibrar con una llamada entrante. Mauricio.
Contesté sin pensar.
Del otro lado no escuché arrepentimiento.
Escuché rabia.
—¿Quién demonios eres en realidad, Elena? —me gritó—. Porque si crees que te vas a quedar con eso sola, te juro que no sabes con quién te metiste.
Y antes de que pudiera contestar, Daniel me arrancó el teléfono de la mano y su expresión cambió por completo.
En ese momento supe que la historia que yo creía vivir estaba a punto de volverse muchísimo más peligrosa.
Y lo peor todavía no salía a la luz…Continuará en los comentarios 

