“Dejaron que su perro se despidiera — y, horas después, la enfermera abrió la puerta… y dejó caer el historial.”

 

Y cuando finalmente llevaron a Alden a su último descanso…

hubo una pequeña excepción.

Un detalle que no estaba en ningún protocolo.

Una caja pequeña.

A su lado.

Con un nombre escrito a mano:

Ritchie.

Porque a veces…

la despedida más importante…

no es la que damos a las personas.

Sino a quienes nos enseñaron…

cómo amar sin condiciones.

Y no pudieron…

ni quisieron…

quedarse atrás.