Llevé el celular de mi difunto esposo a reparar. Quería arreglarlo y dárselo a mi suegra. Pero tan pronto como el técnico terminó la reparación y encendió el dispositivo, apareció un mensaje en la pantalla. 😨 El técnico palideció y me llamó en voz baja: “Será mejor que leas esto tú misma…” Cuando leí el mensaje, no podía creerlo. Habían pasado tres meses desde la muerte de mi esposo. Había estado posponiendo llevarlo al taller de reparación, aunque el viejo teléfono de mi s… Voir plus

Llevé el teléfono de mi esposo fallecido a reparar — y descubrí una verdad para la que no estaba preparada.

Ya habían pasado casi tres meses desde el día en que mi esposo murió. El tiempo parecía avanzar y, al mismo tiempo, permanecer detenido. La casa seguía su ritmo: los niños iban a la escuela, yo preparaba el almuerzo, lavaba la ropa, conversaba con la gente. Pero por dentro todo estaba como envuelto en niebla.

El teléfono de mi esposo había estado todo ese tiempo guardado en el cajón de la cómoda. La pantalla estaba rota, el aparato no encendía. Sabía que, tarde o temprano, tendría que hacer algo con él, pero siempre lo posponía. Ese teléfono era lo último que él había tocado. El último objeto que estuvo con él aquel día.

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