Soy un cirujano jubilado. Una noche tarde, un antiguo colega me llamó y me dijo que mi hija había sido llevada de urgencia a la sala de emergencias. “Si mi hija muere esta noche, mi yerno no vuelve a ver la luz del día.” Eso fue lo primero que pensé cuando vi la espalda de Valeria. Yo soy el doctor Ignacio Robles, cirujano retirado. Pasé más de treinta años abriendo cuerpos para salvar vidas en hospitales de la Ciudad de México. Creí que ya había visto de todo: accidentes,… En voir plus

PARTE 2: Llamé a Rodrigo con las manos manchadas de sangre.
Contestó al segundo tono, agitado.
—Don Ignacio, ¿ha sabido algo de Vale? Salió después de cenar y no me contesta. Estoy buscándola por todos lados.
Su preocupación sonaba real. Demasiado real.
—Está en San Gabriel —le dije.
Se quedó callado.
—¿Está viva?
Esa pregunta me heló.
—Ven ahora mismo.
Colgué antes de escuchar otra palabra.
Quince minutos después llegó la policía. La detective encargada era Carla Méndez, una mujer de unos cuarenta y tantos, mirada dura, voz tranquila. Le conté lo de las iniciales, el mensaje en la espalda y lo que Valeria me había pedido.
Esperaba que ordenara detener a Rodrigo de inmediato.
Pero no lo hizo.
En cambio, preguntó:
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