PARTE 2: LOS PAPELES
Por un segundo, no respiré.
Camila estaba temblando sobre la cama, apenas podía sostenerse sentada. Abajo, los pasos de Fernanda y Ramiro sonaban tranquilos, como si todavía creyeran que la casa les pertenecía.
“Debiste revisar las cámaras”, dijo Ramiro con voz seca.
“Las revisé”, contestó Fernanda. “Él nunca vuelve antes de tiempo.”
Esa frase me hizo entender que nada había sido un impulso. No fue una mala tarde. No fue un castigo exagerado. No fue una mujer perdiendo el control.
Era un plan.
Ayudé a Camila a levantarse y la metí en el baño del cuarto. Cerré la puerta y puse una silla debajo de la manija. Después escribí un mensaje rápido a Mauricio, mi jefe de seguridad:
“SUBE YA. NIÑOS EN PELIGRO. DOS SOSPECHOSOS. POSIBLE SECUESTRO.”
No sabía si alcanzaría a leerlo.
La puerta del cuarto se abrió.